Pensá que no te duele y no te duele

Fútbol. Una pelota acercándose. El arco, adelante y un poco a la izquierda. Dos o tres pasos preparatorios. Un movimiento demasiado rápido y demasiado fuerte tensa el músculo (o los tendones, los ligamentos, algunas de esas cosas que hay allí abajo) más allá de su elasticidad, rajándolo. Es una rotura pequeña, como si una señora que pretendía olvidarse del cambio de su figura en el último año (un cambio expansivo), volviese inocentemente a ponerse aquel vestido azul y, al sentarse, el terrible sonido de la tela abriéndose. Así se abre el músculo, menos de un centímetro, pero alcanza para que duela y pulse eléctricamente a lo largo de toda la pierna. Alcanza para la renguera (que no es de perro aunque la lesión se haya producido jugando al fútbol con habilidades caninas). Son días de entender el daño. Uno juega a la gallinita ciega y el dolor le dice “frío, frío, frío, tibio, ¡caliente!” y hay que ver, entonces, de qué manera apoyar el pie para poder desplazarse, aunque sea a una velocidad tan mínima que quizá ni siquiera habría que llamarla velocidad. Hasta la más tonta de las actividades cotidianas se vuelve un problema que necesita ser resuelto. Es como poner el día cuesta arriba o de cabeza. Haciendo gala de una fascinante y ancestral capacidad de adaptación, pronto uno desarrolla una técnica de renguera digna (oxímoron) y cree que está logrando disimularla con decoro. El fingimiento provoca, a su vez, dolores en rodilla, cadera y zona baja de la espalda, pero es un precio razonable, se dice uno, gallardo, orgulloso, bastante idiota. La adaptación exige el rápido olvido del pasado reciente, es decir, cuando uno se desplazaba con normalidad por el mundo. Así que uno olvida. Cuatro o cinco días y ya cree que siempre fue así, este ser que parece ir por la vida apagando colillas olvidadas por fumadores descuidados. Hasta que se siente mejor. No curado: mejor. Prueba. Apoya todo el pie. Frío. Descarga suavemente el peso. Frío. Flexiona la rodilla. Tibio. Casi puede sentir cómo chirrian las fibras de lo que sea que tenga ahí dentro. ¡Caliente! Improperios de variada gama. Conviene esperar unos días, piensa entonces. Más improperios, soterrados, ahora. Y pasan esos días y pasan otros. La renguera es casi impercetible ahora, pero algo sigue estando fuera de lugar. La pierna se olvida del daño antes que uno, que es un muy buen alumno del dolor. El peso se inclina levemente del lado de la pierna sana todavía mucho después de que ya ambas piernas están sanas. Hasta que uno no se sienta curado, no está curado. Es un problema de la conciencia. Es un problema.

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  1. qué lindo post!!! Me gusta mucho cuando te ponés filosófico con cosas de la vida fuertes como el dolor y decís cosas como las de los últimos tres renglones.

    saludos!!!

    • Leonardo
    • 10/09/10

    Pedro:
    gracias por pasar, leer y dejar la marca. Me hacés acordar a una época -reciente y lejana a la vez en la que yo no tenía celular-, en que un amigo pasaba por casa y si no me encontraba dejaba un palillo prendido en la puerta, para que supiera.
    Va un abrazo y nos vemos pronto.

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